Arquitectura sostenible: construir un futuro sin comprometer el planeta
Por Blanca Alessandra Hernández Durán · Arquitectura, Universidad Anáhuac Cancún
Foto de portada: casa maya en Yucatán. Autor: Gideonximi, vía Wikimedia Commons, licencia CC BY 4.0. Imagen redimensionada.
¿Por qué unos espacios se sienten mejor que otros?
Son las dos de la tarde en Quintana Roo. Entras a una casa de losa de concreto, con ventanas pequeñas que miran al poniente, y el aire se siente espeso, casi inmóvil. A unos metros, bajo un árbol de copa amplia, alguien descansa en una hamaca y la brisa basta para estar a gusto. Es el mismo sol, la misma hora y el mismo lugar. La diferencia está en cómo se diseñó cada espacio.
La arquitectura influye en nuestra vida cotidiana mucho antes de que nos demos cuenta. Decide cuánto calor entra a una recámara, si un salón de clases puede ventilarse, cuánta electricidad hace falta para dormir tranquilos o qué pasa con el agua que cae sobre un techo. Entender esas decisiones es el primer paso para construir, y exigir, espacios mejores.
Construir también es decidir el futuro
La arquitectura sostenible busca que los edificios respondan a las necesidades de quienes los habitan con la menor cantidad posible de energía, agua y materiales, y con el menor impacto en su entorno. Ese cuidado abarca toda su vida: el diseño, la construcción, el uso, el mantenimiento y, algún día, su transformación.
No es un asunto menor. Según el informe mundial sobre edificios y construcción 2025-2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Alianza Global para los Edificios y la Construcción (GlobalABC), el sector consume el 28 % de la energía mundial, genera alrededor del 37 % de las emisiones globales de CO2 y concentra casi la mitad de la extracción mundial de materiales.
Las cifras impresionan, pero también abren una oportunidad. El mismo informe señala que la mitad de los edificios que existirán en 2050 todavía está por construirse o renovarse.
Mucho de lo que habitaremos en 2050 se decide hoy, en la mesa de diseño.
Diseñar con el clima, no contra él
Antes del aire acondicionado, muchas casas resolvían el calor con su forma. En la península de Yucatán, la vivienda maya tradicional lo demuestra: techos altos e inclinados, muros claros y la sombra de los árboles alrededor. Esa lógica tiene nombre: diseño bioclimático. Consiste en aprovechar el sol, el viento, la vegetación y la lluvia del lugar, en vez de combatirlos con energía.
Casi todo Quintana Roo tiene un clima cálido subhúmedo con lluvias en verano, según el INEGI. Para climas como este, las guías de diseño bioclimático de la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI) proponen varias estrategias. Son principios generales, no recetas: cada proyecto debe ajustarlos a su terreno, sus vientos y la forma en que se usará.
Sombra primero. Aleros, pórticos y celosías protegen muros y ventanas. Los techos también se sombrean, con árboles o con un segundo techo.
Aire en movimiento. Ventanas grandes y sombreadas en muros opuestos permiten la ventilación cruzada, que ayuda a disipar el calor.
Altura. Un techo más alto ayuda a que el aire caliente se acumule lejos de las personas. CONAVI sugiere alturas de alrededor de 2.80 m en estos climas, aunque la altura, por sí sola, no garantiza el confort.
Orientación. No hay una orientación universal: depende de la trayectoria del sol, los vientos dominantes y el terreno. En climas cálidos, CONAVI considera favorables las fachadas principales hacia el norte y el noreste, que reciben menos sol directo.
Vegetación local. Los árboles perennes dan sombra todo el año, y los arbustos bajos dejan circular la brisa.

En México, la NOM-020-ENER-2011 limita la ganancia de calor a través de la envolvente (muros, techos y ventanas) de los edificios nuevos de uso habitacional. Es una norma de eficiencia energética, pero detrás hay una idea sencilla: una casa que deja entrar menos calor suele necesitar menos energía para mantenerse confortable.
¿Qué hace que una casa se sienta más fresca en clima cálido?
Una buena orientación
Protección solar: aleros, celosías o árboles
Ventilación adecuada
Una combinación de estrategias
Descubre la respuesta
La respuesta es una combinación de estrategias. Cada una ayuda, pero ninguna basta por sí sola. Una casa bien orientada sigue calentándose si su techo recibe sol todo el día, y una buena ventilación pierde efecto si el aire que entra viene de un patio sin sombra. Por eso las guías de diseño bioclimático de CONAVI para climas cálidos combinan orientación, sombra, ventilación cruzada, altura y vegetación, siempre ajustadas a cada sitio.
Cada recurso cuenta
Una construcción sostenible también se mide por lo que consume. Los materiales importan desde su origen. Los que duran más, piden poco mantenimiento y pueden reutilizarse suelen reducir el impacto, y los que se producen cerca requieren menos transporte. Aun así, ningún material es sostenible en cualquier lugar: conviene evaluarlo según su ciclo de vida y el clima donde se usará. La energía importa durante toda la vida del edificio: un diseño que evita parte del calor puede reducir el uso de ventiladores o aire acondicionado y, con ello, el consumo de electricidad.
El agua que cae del cielo
Cuando la lluvia se concentra en unos meses del año, el techo puede convertirse en una fuente de agua. Un sistema de captación pluvial recoge la lluvia del techo, la conduce por canaletas, separa las primeras lluvias (que arrastran polvo y hojas), la filtra y la guarda en una cisterna o un tanque cerrado. Los lineamientos técnicos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) insisten en un punto: para beberla, el agua debe tratarse y desinfectarse.

Shining México trabaja en esta línea. Según la descripción del proyecto, el programa Lluvia que Alimenta, junto con SEBIEN, tuvo como objetivo fortalecer la seguridad hídrica y alimentaria en comunidades rurales de Felipe Carrillo Puerto, como Señor, Tixcacal Guardia y José María Pino Suárez. Para ello planteó sistemas de captación de lluvia, huertos orgánicos regados con esa agua y educación ambiental para niñas y niños.
La sostenibilidad también se mide en bienestar
Un espacio bien diseñado no solo gasta menos: también cuida a quienes lo habitan. En sus directrices sobre vivienda y salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que, donde las temperaturas son altas, se desarrollen estrategias para proteger a las personas del calor excesivo dentro de sus casas. La sombra, la ventilación y la altura no son lujos: pueden formar parte de esa protección.
El bienestar también depende de lo básico. En 2024, el 14.1 % de la población de México tenía carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda, de acuerdo con la medición de pobreza multidimensional del INEGI. En Quintana Roo, esa cifra fue de 12.0 %, y el 10.4 % de la población tenía carencia por calidad y espacios de la vivienda.
Detrás de cada porcentaje hay familias que pasan calor de noche, estudiantes que intentan concentrarse en salones poco ventilados y comunidades que esperan el agua. Por eso la arquitectura sostenible no puede quedarse en los edificios premiados: sus principios también pueden aplicarse, adaptados a cada lugar, en una vivienda social, una escuela rural o un centro comunitario.
El futuro se diseña desde hoy
La próxima vez que entres a un lugar y te sientas bien sin saber por qué, mira alrededor. Quizá haya una ventana bien orientada, un alero generoso o un árbol en el sitio correcto. La arquitectura sostenible no empieza con tecnología costosa, sino con preguntas sencillas: ¿de dónde viene el sol?, ¿por dónde entra el viento?, ¿qué pasa con la lluvia?
Construir un futuro sin comprometer el planeta no depende solo de grandes proyectos. También se decide en cada casa que se amplía, en cada escuela que se rehabilita y en cada comunidad que aprovecha mejor sus recursos.
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